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Abajo, el llano, es escenario de una intensa vida agrÃcola y ganadera. Siempre ha sido asÃ, desde la prehistoria, como lo acredita el dolmen de Arrako, junto a la Ermita de Nuestra Señora de Arrako. Las excavaciones realizadas en este monumento megalÃtico funerario han venido a confirmar que los pastores que habitaron siglos atrás este valle tenÃan unas costumbres que han perdurado hasta nuestros dÃas; es el caso del zurrón con el ajuar, en el que llevaban su propia cuchara, y una piedra (suarri) que, rusiente, les servÃa para calentar la leche cuando hacÃan el queso.
Dentro del llano de Belagua se conservan varias bordas en su más puro estado original. Son construcciones de uso agrÃcola y ganadero que durante siglos apenas han conocido variaciones.
La Venta de Arrako, la Venta de Juan Pito, y los puentes romanos que encontramos cerca de Isaba, son vestigios de la milenaria ruta que antaño atravesaba el valle de Belagua comunicando Navarra con Xuberoa.
Pero, sin duda, lo más espectacular de Belagua son las grandes masas forestales que flanquean el llano; especialmente la Selva Grande, en la ladera del Txamantxoia, en cuyo extremo se conserva la Reserva Integral de Aztaparreta, un hayedo-abetal que pasa por ser el único territorio virgen que queda en el Pirineo.
Las cualidades naturales de este valle, asà como sus senderos y sus cumbres, hacen que cualquiera de las cuatro estaciones del año sean un buen momento para acercarse a él.
El dÃa 26 de julio, festividad de Santa Ana, se celebra la fiesta-romerÃa de Nuestra Señora de Arrako, con cortejo procesional y bendición de los campos.
La carretera comarcal 137 que atraviesa el valle de Belagua nos conduce hasta Francia pasando por la zona de Larra, lo que nos permite, en pocos kilómetros, ver una transformación total del paisaje.
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